La Salud, la Enfermedad y el Derecho.

El abordaje multidisciplinario de la medicina.

Los médicos siempre creemos que somos los únicos profesionales que intervenimos en la vida humana: curando, controlando o previniendo la enfermedad,cuando en realidad este proceso se desarrolla a través de un equipo multidisciplinario, trabajando directamente con otros profesionales de ciencias de la salud y de otras disciplinas como abogados, ingenieros, arquitectos y educadores, entre otros.

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Esta creencia general determina que se otorgue poca importancia a la formación humanística de los profesionales de las ciencias de la salud y a la gran intensidad del currículo científico-técnico, que no le da tiempo al estudiante para levantar los ojos hacia el horizonte y ver más allá de su propia tecnología, ya que ni siquiera se ha logrado que en la mayoría de las facultades de ciencias de la salud profundicen en la historia de su arte. Si por lo menos revisara la historia de la universidad, el médico podría ubicarse en los albores de la educación superior con el TRIVIUM y el QUADRIVIUM.

El Trivium que nos interesa para efectos de este escrito, fue una encrucijada teocéntrica de donde partían las tres artes liberales en la edad media, a saber: La Retórica, la Jurídica y la Medicina, que eran las artes que le servían al hombre para comunicarse, relacionarse con el Estado, para curar la enfermedad y servir a Dios con el apoyo de la Teología; luego, desde la Edad Media, se conocía claramente la interrelación de las artes liberales para el servicio del hombre y esta interrelación aún se mantiene, pero muchos la ignoramos y otros la negamos por razones ya expuestas.

Analizaremos la vinculación del derecho con las ciencias de la salud, comenzando por presentar la definición de salud, dada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que dice: “Salud es el perfecto bienestar físico, mental y social de un individuo”. Técnicamente esta definición es ideal pero muy fría y nada práctica; por tanto, presentamos una definición de salud, ilustrada por razones didácticas con la balanza de la justicia. Esta definición se anuncia así:

“Salud es el equilibrio que se da entre el agente, el huésped y el medio ambiente”.

Observando el panorama que nos ofrece la triada agente, huésped y  ambiente y lo colocamos en la óptica del derecho, nos damos cuenta que existen gran cantidad de decretos, leyes, normas, convenios, acuerdos y tratados tanto nacionales como internacionales que regulan las actividades potencialmente nocivas para la salud del hombre. En estas disposiciones es evidente la mano firme del derecho proyectado en favor de la supervivencia de la especie humana e interactuando con la medicina en la ejecución de tales regulaciones.

Por eso encontramos, legalmente sustentados, programas de prevención, control y tratamiento de tuberculosis, lepra, malaria, cáncer y SIDA; programas de vacunación; programa materno-infantil; programa de crecimiento y desarrollo; y programa de prevención de desastres. También encontramos legislación que regula el ejercicio del trabajo y la donación de órganos, entre otros. Así, está comprobado que el Derecho juega un papel importante en el desarrollo de la salud en  el mundo y que permitiendo mejorar la calidad de vida en la humanidad.

Pero ahora tenemos un reto muy serio e importante, relacionado con la investigación biomédica, ya que vemos con gran preocupación que la investigación va a la velocidad del jet y la legislación va a paso de tortuga; y estamos encontrando situaciones problemáticas que requieren legislación para controlar los riesgos que de ellas puedan derivarse. Los casos más dramáticos los tenemos con el aborto, la fecundación in vitro, el alquiler de úteros, la experimentación con embriones, formas irregulares de procreación, el manejo inadecuado de la ingeniería genética, la experimentación humana. La psicocirugía, las drogas, el transplante de órganos, la preselección y cambio de sexo, entre otros. Por eso los médicos, los abogados, los eticistas, los científicos y la comunidad en todos los niveles y matices, debemos agilizar la evaluación de la tecnología que está desarrollando, para darle una dirección adecuada y evitar que se convierta en un bumerang que se devuelva contra el hombre.

Ello nos lleva obligatoriamente a pensar en la necesidad de trabajar a conciencia, objetivamente y con agilidad en el campo de la BIOETICA, para lograr el bien común de la humanidad.

Pero vemos que muchas determinaciones en derecho están afectando el bien común, como ocurre con las factorías legalmente establecidas, pero que están destruyendo el ecosistema; evidencia que nos lleva a  responder en conciencia a estos interrogantes: ¿Si la naturaleza tiene sus propias leyes; si el fin último del hombre y del universo es su perfección, ¿cómo aceptar que muchas decisiones se fundamenten en lo legal más no en lo justo? ¿Puede lo legal contraponerse a lo justo y al bien común?

Las consideraciones hechas sobre Salud, Enfermedad y Derecho, tienen que servir como base para hacer una reflexión que permita llegar a una dinámica docente, que sensibilice tanto a los alumnos como a los profesores, para trabajar en equipo con otras ramas del conocimiento, en la búsqueda de un horizonte promisorio para la humanidad en todos los campos, sustentado en el desarrollo pleno de los valores fundamentales.

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