SÍNTOMAS, ENFERMEDAD Y ATENCIÓN MÉDICA

 

“Sentirse mal” es algo concreto para el enfermo. Lo que percibe como malestar, y agotadas todas las acciones para neutralizarlo según su conocimiento determina que consulte con una persona, único referente de la salud confiable, para solucionar el problema (médico, paramédico, curandero, brujo, sacerdote, etc). Es muy importante comprender que el síntoma va acompañado de otra sensación, que genera la incertidumbre, como lo es la angustia y el temor. El grado de atención que demanda el paciente está íntimamente relacionado al grado de percepción de la enfermedad. Esta percepción será más intensa, cuanto más acentuado sea el grado de angustia.

El profesional médico también tiene su propia “percepción” de la enfermedad. Generalmente, para el profesional la “enfermedad” es algo que tiene “el otro”. No se da en el plano de su sentir, sino en el plano de la lógica: la enfermedad es un conjunto de síntomas y signos que responden muchas veces a un patrón, cuya clasificación nosológica, fue asimilada durante la formación profesional. La percepción de la enfermedad es una función intelectual asociativa, en la que los síntomas (concretos para el paciente y subjetivos para el médico) y los signos (concretos para el médico, a veces no conocidos por el paciente) producen un ascenso en el nivel de abstracción, que permiten al profesional rotularlos como una enfermedad.

El profesional, generalmente hace de la enfermedad algo concreto, la personaliza, la extrae de la persona y la convirtiéndola en un ente viviente. Ésta, es la razón de que las enfermedades tengan nombre propio: “el cáncer”, “la tuberculosis”, “el infarto”, etc. Este proceso hace más operativo el análisis de las enfermedades, pero termina convirtiéndose con el uso, en una distorsión conceptual: separar la enfermedad del paciente. En los hospitales públicos, los estudiantes de medicina son testigos de esta realidad, ya que escuchan frecuentemente de los profesionales expresiones como “en la cama 18 de la sala de clínica médica se internó una neumonía”, o también, “practiquen el examen semiológico del hígado, con la cirrosis que se internó en la cama 25”, etc.

Este alejamiento de la persona del paciente, optimizó el conocimiento sobre la patología específica que presentaban los pacientes, ya que lograba concentrar la atención en campos cada vez más limitados (clínica médica, infectología, endocrinología, etc), esto a su vez permitía profundizar en el conocimiento sobre cada campo en detrimento de otros, pudiendo concluir en la consecuencia más importante: la pérdida de vista de la persona. El ejercicio reduccionista característico del modelo biomédico no debe permitir perder la perspectiva de lo que está ocurriendo con la persona. Por tal motivo las ciencias humanísticas, como la psicología, la sociología y la antropología, ofrecen al profesional de la salud los conocimientos técnicos necesarios para que su trabajo no esté motorizado solamente por un simple voluntarismo de humanizar su relación con el paciente, sino también sustentado por habilidades y soluciones científicamente válidas.

El abordaje bio-psico-social de la atención médica se enmarca en una nueva cultura sanitaria. El moderno paradigma en que se sustenta el ejercicio de la medicina familiar trata de evitar que el paciente quede escindido entre una etiqueta diagnóstica y su realidad personal, para brindarle una asistencia integral y humanizada.

Tags: , ,

Sin comentarios.

Deja un comentario