LA CRISIS SOCIAL COMO CONDICIONANTE DE LA SALUD FAMILIAR

salud familiarLa antigua estructura social se fue esfumando lentamente, convirtiendo a las personas en agregados humanos sin relaciones primarias. Los vínculos de parentesco se perdieron y las formas de estratificación social se logran sólo a expensas del individualismo muy competitivo,  que hizo desaparecer el mundo tradicional.

Al desaparecer del horizonte las antiguas referencias sociales que ordenaban las obligaciones y los derechos fundamentales en la afectividad, hoy las estadísticas, constituyen la guía que ordena este mundo cambiante de individuos ubicuos e inclasificables por los antiguos criterios.

Los individuos dejaron de ser personas lugareñas, vecinos de barrio, con amplias relaciones parenterales, fidelidades y amistades para convertirse en anónimos trabajadores, que se identifican por su labor o su rendimiento  económico. Son las condiciones del trabajo las que dan a las personas una identidad, es en el entorno de sus actividades donde se pone en evidencia su individualidad y su relación con la sociedad.

La crisis es de tal magnitud, que el futuro de la gente depende exclusivamente de su relación laboral y económica con la sociedad, ya que las relaciones asistenciales que deben protegerlas cuando no trabajan, tienen una importancia desmedida.

Son el reemplazo de sus familias. Y aquellos que no están protegidos o son marginales al sistema, quedan en el olvido o pasan a ser un ‘problema social’. Ciertos individuos conflictivos son entregados a los antiguos remanentes de las instituciones periclitadas, sombras de las viejas estructuras como son la comunidad, la religión y el parentesco, que tratan de revivir sentimientos de fidelidad o de solidaridad casi olvidados.

En la medida que la lucha contra la pobreza tenga éxito, se creen nuevas relaciones de trabajo y se cambien los conceptos de uso del tiempo de acuerdo a las nuevas tecnologías, se espera que los sistemas de salud y de asistencia lleguen a cubrir la totalidad de la población. Pero aún así, el problema no se resuelve.

Ante la fragmentación de la familia y de las comunidades primarias que anteriormente eran parenterales, la continuidad del grupo humano mínimo quedó rota y sólo constituyen sólo agregados sociales. Surgen los individuos solitarios e incomunicados rodeados de una muchedumbre, con un comportamiento similar al ocupante de un inmenso ascensor. No importa si son protegidos por los más ideales sistemas de salud y asistencia. Están solos.

Nuestra sociedad es formada por multitudes, con vínculos secundarios y terciarios. El único lugar que conserva un ambiente afectivo, es la familia conyugal y en ocasiones el pequeño circulo temporal de amistades laborales. El industrialismo y el crecimiento urbano redujeron los espacios habitacionales y liquidaron la familia extensa. Se creó la separación de los grupos de edad, consecuencia del sistema laboral, y se burocratizó esta antinatural segmentación.

La sociedad, definida como carencia de relaciones primarias, es algo inhumano, sin importar la edad del individuo. En soledad no es posible el desarrollo de la cría humana, en soledad no puede un adolescente a ser social, en soledad no es útil la madurez, la sabiduría o la riqueza, en soledad la vejez es aterradora. El peligro de nuestra sociedad, es que día a día hace más autónomo al individuo y facilita todas las formas indirectas de relación. La tecnología permitió suprimir al otro. La sociedad contemporánea es una red de relaciones terciarias, cuyo modelo es la burocracia y cuya función es el dinero.

La disfunción familiar es la consecuencia directa de la enfermedad social y es el disparador más importante de las enfermedades psicofísicas y los accidentes de niños y adolescentes.

La experiencia y la historia de la familia, las vicisitudes del pequeño grupo son las bases de las identidades de los jóvenes. La construcción de la individualidad juvenil se hace posible ante el contraste con los mayores.

Hay que revitalizar los sistemas de parentesco, fortificar la familia, no como institución moralizante y represiva, sino como refugio de los afectos y solidaridad.

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